Cada tarde buceo buscando la frase más ocurrente y bien intencionada. Esas pocas palabras que en un alarde de simplicidad resuman todo lo que siento y pienso. Día a día me empapo de la sabiduría desplegada por otros que hablan de mi vida. Hoja a hoja, verso a verso... desgrano lo que cualquiera tenga que decir sobre como me siento para publicarlo en Facebook.
Espero ansiosa tu "me gusta"
Amor en red.
Nos reconocimos entre la multidud infinita de la red. Fue amor al primer vistazo, luego un duelo de me gustas disfrazado de canciones en común. Nuestro amor no tiene límites ni forma ni sexo. Es amor del puro.
Amor en red
De pronto ya no soy yo ni eres tú. Somos los miles de ojos que nos miran, que nos leen, que imaginan y que juzgan con pesos pasados. Yo me sueño virgen, sin cicatrices viejas ni piteras en el corazón. A ti te invento libre, sin lastre que amarre tus alas ¿Qué nos importa?
Amor en red
Cualquiera en su sano juicio se hubiera vuelto loco por ti...me dijiste después de un te quiero mucho... silencio fue mi respuesta. Sin emoticono.
Amor en red #amorenred
Yo no sé qué hacer para olvidar esa manera de andar... a pesar de que lo más cerca que hemos estado es a un clic. Eso sí, entre tecla y tecla te he imaginado atravesando un desierto por mi. Licencias online, deseos offline
Amor en red
jueves, 25 de junio de 2020
domingo, 14 de junio de 2020
Lucky Strike
Olías siempre a Lucky Strike
a grandes sueños
a vida por vivir.
Olías a barba tierna
a sábanas revueltas
a ganas de comerte el mundo.
Olías a bourbon joven que quiere ser reserva
a risa fácil
a ternura.
Olías a vida.
Una vez fuimos a nadar de noche y aún me arrepiento de haberme ahogado en la orilla...
Olías a inevitable
a mecolocón
a nada es imposible
Olías a besos largos
a días concatenados
a Lenny Kravitz
a festivales
a saltos en paracaída
Una vez me perdí en tus ojos gatunos
Y quedé en un limbo atada a una Budweiser y un palo de billar.
Cerrando los ojos, puedo olerte.
a grandes sueños
a vida por vivir.
Olías a barba tierna
a sábanas revueltas
a ganas de comerte el mundo.
Olías a bourbon joven que quiere ser reserva
a risa fácil
a ternura.
Olías a vida.
Una vez fuimos a nadar de noche y aún me arrepiento de haberme ahogado en la orilla...
Olías a inevitable
a mecolocón
a nada es imposible
Olías a besos largos
a días concatenados
a Lenny Kravitz
a festivales
a saltos en paracaída
Una vez me perdí en tus ojos gatunos
Y quedé en un limbo atada a una Budweiser y un palo de billar.
Cerrando los ojos, puedo olerte.
domingo, 17 de mayo de 2020
¿Y si?
¿Y si cierro los ojos un segundo?
Y si dejo a un lado las excusas
del tiempo
del espacio...
de tus dudas
de mis cosas
¿Y si cierro los ojos un segundo?
Para bloquear los pero
Para olvidar el porqué
Para perderme en tu perfil oculto,
en tu risa fácil
¿Y si cierro los ojos un segundo?
Y abro el corazón de par en par
Y si dejo a un lado las excusas
del tiempo
del espacio...
de tus dudas
de mis cosas
¿Y si cierro los ojos un segundo?
Para bloquear los pero
Para olvidar el porqué
Para perderme en tu perfil oculto,
en tu risa fácil
¿Y si cierro los ojos un segundo?
Y abro el corazón de par en par
domingo, 3 de mayo de 2020
Feliz día, mamá
Mi madre era casinera y yo nací, como quien dice, en un bar, su
bar, el casino. El casino nunca tuvo nombre, bueno tenía el nombre de la
costumbre, el que le pusieron los clientes, el que le dio el uso, era el casino
de Esperanza. Sí, en serio, a mi padre ni le gustaba ni lo quiso nunca. El
accidente de la mina fue un desastre para él. ¿Imaginan lo que puede suponer
para un hombre de 40 años, padre de cuatro hijas y con la quinta de camino,
perder un ojo, perder el trabajo... casi perder la vida? Esos años yo no
estaba, aparecí después casi como una burla al destino y mis hermanas y madre
poco hablaban de esa época. Lo que sé, lo he dibujado con las pinceladas que le
escuché en las tantas y tantas horas que disfruté junto a mi padre. Se le daban
bien los titulares, los relatos, los detalles... las pausas en la narración.
Era un buen cronista. Hubiera sido un buen periodista, peleón y honrado.
Curioso, hoy coinciden el Día Internacional de la Libertad de Prensa (tan
manoseada y prostituida) y el Día de la Madre, curioso, sin duda.El accidente de la mima fue un
desastre para toda la familia, casi quiebra a un hombre grande, pero también
fue lo que permitió a mi madre cumplir su sueño. Ella, al igual que yo, se
había criado en una tasca, la de Santana, mi abuelo, un patriarca pequeñito que
llevaba a su familia con mano firme (eso dicen, que tampoco le conocí). Mi
madre sentía pasión por dos personas en el mundo su padre y su único hermano,
mi tío Manolo, incluso por delante de su marido y sus hijas ¡Ah! y por mi
primo Gabriel que para ella era como su primer hijo. Y no es que no nos
quisiera, nos quería mogollón porque tenía cariño para dar y regalar, pero
siempre me dio la impresión de que quiso ser otra cosa en lugar de madre y
esposa. Se negó a ser una madre convencional. Era una madre adelantada de su
época, no le gustaba nada ser ama de casa y nos crió en la creencia de que
tenemos que ser independientes y fuertes, como ella era, aunque nos pintáramos
los labios. Le encantaba pintarse los labios de rojo o fuxia, incluso cuando era
mayor. Con su bambito -babi los llamaba ella-, sus medias cortas y enseñando
siempre un poco el encaje de la combinación, iba a sus cosas con los morros
pintados y oliendo a su colonia de Avón. Era una fuerza de la naturaleza. Lo
único que pudo tumbarla fueron los fantasmas de su cabeza...los que se la
llevaron antes de que su cuerpo dejara este mundo.Tampoco fue una esposa de su
época. Era el capitán del barco, la gestora, con una mente prodigiosa para las
matemáticas y un agujero en el centro de la mano. Dicharachera, alegre,
cantarina y siempre dispuesta a echar unas risas o un baile. Era fácil verla
contar fichas de dominó como un jugador profesional o darte una paliza al tute.
Te recitaba una cuenta de memoria y una regla de tres o un porcentaje antes de
que te diera tiempo de coger el lápiz. Le encantaba servir copas de aguardiente
de buena mañana a los estudiantes del instituto, que aprovechaban las puertas
abiertas para ir al casino de Esperanza a desayunar y hacer tertulia. Y cantar
fandanguillos, aunque cantara fatal.Tardé mucho tiempo en
entenderla y cuando lo hice, quizás ya era demasiado tarde para que ella me
entendiera a mí. Esas cosas pasan a veces con las madres y los padres.
jueves, 30 de abril de 2020
Si no... no es vida
Era inevitable, el olor a almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores malogrados...
Algunas frases, olores o gustos nos traen a la memoria fotografías de nuestra vida. Imágenes en sepia con los bordes difusos o rotos por el paso del tiempo. A veces son conversaciones que nada tienen que ver con el recuerdo más allá del regusto que dejan. Quizás por eso - o por el retiro obligado o por mi mente perversa o porque sí - andan mis pensamientos vagando por caminos llenos de incertidumbre. Quizás porque suena El Rompeolas con Guillermo Martín a la guitarra y un baterista andaluz que nadie recuerda. Quizás porque desde ayer releo O amor nos tempos do cólera, sí de García Márquez pero en una edición en portugués. Quizás porque esta calma chicha, obligada y obligatoria, me ha permitido sentarme a disfrutar con lo que tejo... a media mañana y mientras saboreo un café con gusto a El beso de Klimt. Quizás porque el corazón me late encogido desde ayer. Tal vez porque tan en el aire voy que me envuelve la sensación de no dar pie. A lo mejor es simplemente que tengo vértigo, miedo a no ser capaz de llevar el timón o tener que tomar decisiones tan inevitables para vivir como innecesarias para la subsistencia.
Igual lo que me ocurre es que ahora que la vida se me ha parado, a mí y a casi todos, presto más atención a las cosas que me rodean y tengo la sensación de que la realidad se burla de mí. Puede ser que mi cerebro, desacostumbrado al silencio, y mi corazón, siempre en busca de quimeras como un zahorí hedonista y respondón, no quieran ponerse de acuerdo en la única certeza que me asiste... la vida es para vivirla, si no... no es vida.
Algunas frases, olores o gustos nos traen a la memoria fotografías de nuestra vida. Imágenes en sepia con los bordes difusos o rotos por el paso del tiempo. A veces son conversaciones que nada tienen que ver con el recuerdo más allá del regusto que dejan. Quizás por eso - o por el retiro obligado o por mi mente perversa o porque sí - andan mis pensamientos vagando por caminos llenos de incertidumbre. Quizás porque suena El Rompeolas con Guillermo Martín a la guitarra y un baterista andaluz que nadie recuerda. Quizás porque desde ayer releo O amor nos tempos do cólera, sí de García Márquez pero en una edición en portugués. Quizás porque esta calma chicha, obligada y obligatoria, me ha permitido sentarme a disfrutar con lo que tejo... a media mañana y mientras saboreo un café con gusto a El beso de Klimt. Quizás porque el corazón me late encogido desde ayer. Tal vez porque tan en el aire voy que me envuelve la sensación de no dar pie. A lo mejor es simplemente que tengo vértigo, miedo a no ser capaz de llevar el timón o tener que tomar decisiones tan inevitables para vivir como innecesarias para la subsistencia.
Igual lo que me ocurre es que ahora que la vida se me ha parado, a mí y a casi todos, presto más atención a las cosas que me rodean y tengo la sensación de que la realidad se burla de mí. Puede ser que mi cerebro, desacostumbrado al silencio, y mi corazón, siempre en busca de quimeras como un zahorí hedonista y respondón, no quieran ponerse de acuerdo en la única certeza que me asiste... la vida es para vivirla, si no... no es vida.
jueves, 23 de abril de 2020
Cecilia
¿A qué huele Cecilia? Cecilia huele a rosas reventonas, a tierra mojada a primera hora de la mañana o al anochecer. Cecilia huele a un jazmín enorme inundando el patio. Huele a flor de naranjo. A pastilla de Heno de Pravia. Cecilia huele a felicidad, a risas, a infancia.
¿A qué suena Cecilia? Cecilia suena a calma, a sosiego. Suena a tragos largos y amargos pasados en la vida. A ese camión maldito. A despedidas. Cecilia suena a cariño infinito.
¿A qué sabe Cecilia? Cecilia sabe a natillas y pan del día cuando viene Dolores. Sabe a café recién hecho y galletas. A tostadas, a casa, a hogar.
Y al tacto, ¿cómo es Cecilia? Suave como una madre, dulce como una abuela. Un amor.
¿Cómo luce Cecilia? Brillante y límpida como las cosas buenas.
A mi madre... también
¿A qué suena Cecilia? Cecilia suena a calma, a sosiego. Suena a tragos largos y amargos pasados en la vida. A ese camión maldito. A despedidas. Cecilia suena a cariño infinito.
¿A qué sabe Cecilia? Cecilia sabe a natillas y pan del día cuando viene Dolores. Sabe a café recién hecho y galletas. A tostadas, a casa, a hogar.
Y al tacto, ¿cómo es Cecilia? Suave como una madre, dulce como una abuela. Un amor.
¿Cómo luce Cecilia? Brillante y límpida como las cosas buenas.
A mi madre... también
viernes, 10 de abril de 2020
Todo lo que me sobra
La mente es como el pasillo de una casa asaltada en una serie policíaca. A veces está oscuro y, sin embargo, llegamos a donde queremos estar casi sin tropezar. Otras veces las luces titilan haciéndonos ver monstruos y dioses donde sólo hay molinos.
La mente es tan poderosa que te hace añorar lo que nunca has tenido y echar de menos lo que nunca has perdido, en un juego de luces y sombras en el que faltan y sobran cosas por igual.
Este exilio al que nos ha condenado el bicho, desarraigados de nuestras vidas, apartados de nuestras rutinas, obligados a estar bien... este exilio de nosotros mismos pasa factura. Entre lo que hemos perdido, lo que vamos a perder y lo que pensamos que no vamos a recuperar no todo es morralla. Esta ola de desasosiego que atenaza la garganta, que nos pone irrascibles, que nos enfada con el mundo y con nosotros mismos es devastadora. Este tsunami agotador de sentimientos se lleva todo lo que sobra, pero arrastra al mismo tiempo cosas que necesitamos para seguir adelante.
A mi la mente me está jugando malas pasadas, horribles, y no siempre se puede equilibrar pensando bonito
La mente es tan poderosa que te hace añorar lo que nunca has tenido y echar de menos lo que nunca has perdido, en un juego de luces y sombras en el que faltan y sobran cosas por igual.
Este exilio al que nos ha condenado el bicho, desarraigados de nuestras vidas, apartados de nuestras rutinas, obligados a estar bien... este exilio de nosotros mismos pasa factura. Entre lo que hemos perdido, lo que vamos a perder y lo que pensamos que no vamos a recuperar no todo es morralla. Esta ola de desasosiego que atenaza la garganta, que nos pone irrascibles, que nos enfada con el mundo y con nosotros mismos es devastadora. Este tsunami agotador de sentimientos se lleva todo lo que sobra, pero arrastra al mismo tiempo cosas que necesitamos para seguir adelante.
A mi la mente me está jugando malas pasadas, horribles, y no siempre se puede equilibrar pensando bonito
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