Me gusta el color. Rodearme de cosas alegres, chillonas y contrastantes me produce un subidón de endorfinas. Curiosamente no me gusta el color en mí, prefiero que brillen las cosas y las personas que me rodean, cada una a su manera, a su forma loca o malcarada, eso da igual.
En estos días hostiles en los que me encuentro siempre e inevitablemente rodeada del color que hay en mi casa, he cambiado de opinión. Ahora sé que me gusta más la luz que el color. Ya es un privilegio vivir en Huelva, donde incluso a los noctámbulos nos seduce su brillo, pero no se trata de eso.
En estos días hostiles para el ánimo, la luz me la traen las voces y las palabras, la música... Una cerveza compartida por videollamada o señales de humo (queda asumido amigos), un mensaje compartido desde puntos distantes mientras nos tomamos esa cerveza -la última de mi nevera-, una risa escondida en un emoticono, un beso, un abrazo... eso es la luz.
En estos días hostiles la música es el antídoto para manternerse en pie. Sí, en pie. Porque esta experiencia es traumática para casi todos -mi sobrina Ángela dice que ella lo lleva mejor porque no le gusta salir como a mi- ha derribado nuestros castillos y nos obliga a construirnos una nueva casa con lo que queda. Los trabajos que quedan, los amigos que quedan, las aficiones que quedan, las rutinas que quedan... Después de 15 días nos vemos obligados a empezar de nuevo, acostumbrados a que en el supermercado haya de todo, en el habitual o en el otro. Acostumbrados a tener rápido y bien todo lo que queremos, online u offline. Comprar rápido, consumir rápido, valorar rápido... el bicho nos está obligando a echar el freno, a no correr, a saborear la última cerveza, a volver a escuchar otra vez esa canción.
En estos días hostiles los dos únicos hábitos que conservo indemnes son el de levantarme temprano y el de saborear la música que me gusta, el resto de costumbres pequeñas y grandes, vitales y superfluas, aparecen y desaparecen dependiendo del día y del ánimo.
domingo, 29 de marzo de 2020
jueves, 19 de marzo de 2020
De la que te has librado, papá
De la que te has librado papá, la Tercera Guerra Mundial se llama
pandemia y como toda guerra está dejando en la cuneta a santos y pecadores.
En realidad poco han cambiado
las cosas. Los que tienen dinero huyeron buscando cobijo a la primera bomba,
poco les importó que sus vacaciones pagadas por el estado repartiera al bicho
por todos lados. Pretendían evitar aglomeraciones, contaminación y darse unas
bonitas vacaciones. Es curioso cómo cambia la torna cuando lo que corren
peligro son los tuyos, eres tú. Entonces son menos nítidas las fronteras, los
acentos importan menos... hay otras prioridades. Los que estamos pelados, pues
seguimos pelados. Vamos a trabajar (los que siguen teniendo trabajo) y
campeamos el temporal con imaginación y buen ánimo.
Te habrías llevado las manos a
la cabeza al ver cómo el tonto del pueblo da instrucciones de qué hacer con el
país. Sí, Manolito, el que va a trabajar sin guantes porque no sabe qué hacer
con las manos, al que le da calor la mascarilla y se la quita esparciendo o
recogiendo bichos por todas partes, al que comparte el pitillo porque ¿qué va a
pasar con eso? En el campo no se contagian las cosas, eso es cosa de ciudad. Ni
piensa en sus hijos ni en su madre ni en las familias de sus compañeros.
También está intentando dirigir
el país otro conocido tuyo, sí Alfonso. Él es más regio. Con sacar los tanques
a la calle, cerrar las fronteras y dejar morir a los viejos que saturan las
pensiones (cómo si él no entrase en la categoría) habría solucionado esto y sin
cuarentena. ¿Cuarentena para qué? Pasear por la calle no es delito y no va a
venir ningún perro flauta a decirle a él si puede o no puede salir a la calle.
¡Comunistas dictadores de mierda!
El del banco también ha hecho
un máster en emergencia social, sí, no te rías. Un ERTE generalizado el día
antes de que anunciaran el estado de alarma y a vivir de las rentas.
Los supermercados se están
haciendo de oro, como si una vez muerto nos fueran a enterrar como a los
antiguos con el banquete o envueltos en papel higiénico... curiosa
mortaja de mierda. La estupidez humana no tiene límites y nos roza a todos, no
estamos limpios ni uno. Dentro de unos días, estas grandes empresas que han
tenido a los suyos una semana trabajando sin protección y a destajo, harán una
donación de esas que desgravan en Hacienda y listo. Conciencia limpia y todos a
pasear bolsas con la marca.
Las grandes empresas no han
parado. Las que se pueden arreglar con teletrabajo nos han mandado a casa a que
nosotros paguemos la factura de la luz (sobre esto ya te cuento otro día). La
rueda sigue girando. Y las que no, ya sabes, ese sector tan primario como son
las compras por internet, pues mantienen a sus trabajadores como gallinas
ponedoras en su cubículo atendiendo el ocio del que está en casa y no sabe
entretenerse más que con el teletienda (no te comento lo de Amazon porque te
fuiste antes de que fuera una moda).
En fin papá, menos mal que te
fuiste y no has tenido que aguantar al tonto del pueblo dirigiendo el
tráfico... ya sabes... roto el corazón porque no podrá disfrutar de las fiestas
(santas o paganas) de la primavera y dando instrucciones con faltas de
ortografía... vamos, Joselín, que seguimos igual pero en cuarentena.
jueves, 13 de febrero de 2020
Radio Macuto
"Ahora no me puedo parar... llámame esta tarde y te lo cuento. Es la mujer de mi vida. Y es extraño, ¿sabes?, porque nunca me había gustado una mujer. Al principio me pareció simpática y dulce, pero con el tiempo me fui sintiendo rara con ella. Hasta que un día, sin esperarlo yo misma, le dije... ¡venga tonta, dame un beso! Y es lo mejor que me ha pasado en la vida..."
La vida sucede al otro lado del visillo, mientras curiosos la contemplamos rodar. Siempre quise tener una tribuna radiofónica donde contar historias reales o inventadas de la gente que me rodea... me encanta imaginar vidas azarosas y divertidas con anécdotas que contar de personas que no conozco... la mayoría de las veces es mejor que escuchar lo que dicen.
La vida sucede al otro lado del visillo, mientras curiosos la contemplamos rodar. Siempre quise tener una tribuna radiofónica donde contar historias reales o inventadas de la gente que me rodea... me encanta imaginar vidas azarosas y divertidas con anécdotas que contar de personas que no conozco... la mayoría de las veces es mejor que escuchar lo que dicen.
domingo, 10 de noviembre de 2019
Chacho, felicidades
Te fuiste. Te fuiste y eso no se hace. Te fuiste y me dejaste al cobijo del ala de tu sombrero, lo malo es que el ala de tu mascota siempre fue corta y yo demasiado inquieta, libre. Te fuiste y te llevaste el pegamento, el hilo invisible que unía todas las patas de tu universo. Te llevaste la ironía, la sonrisa que se siente aún con los ojos cerrados, tus consejos a sotto voce, apretando los dientes para que no se te escaparan del todo, para que hiciéramos lo que nos diera la gana sin dejar de cumplir, eso nunca.
Te fuiste y eso no se hace.
Menos mal que aún me quedan los partidos de fútbol, Gento, el color blanco de los calzones (lo siento Axel no era por tí), los periódicos, Harry, Clint, mi rubio (El Mentalista), Rex, el sabor de las habas cogidas de la mata, el olor a tierra removida, las caballas asadas con cebolla picada y aceite de oliva por encima, la copa de vino, cantar a solas parar espantar el mal, Nerva, el estraperlo con el abuelo, tu Rafael, la noche que dormiste en el calabozo por sacar un muerto de la ribera, tu novia de El Berrocal, tus amigos los "místers" de la mina, tu Pablo y el pan de Portugal, pero sobre todas las cosas no dejar quietas las manos ni la mente... ni el corazón.
Seguro que esta mañana cuando mamá te haya puesto ese cubo de leche manchado de café que te gusta para desayunar no se habrá acordado de felicitarte, no te apures, dentro de un ratito mientras hace cuentas para llegar a fin de mes (que tú de eso no sabes nada) apoyada en el mostrador, se volverá a tu mesa y te dirá "chacho, felicidades". Y tú seguro que levantas los ojos por encima del periódico y le gruñes un poco. Felicidades, papá.
sábado, 9 de noviembre de 2019
Cosas que aprendí contigo I
La vida no es como la vivimos, sino cómo
la recordamos para contarla. Gabriel García Márquez
Aún no hay luz. Todo está en silencio.
¡Mierda! ¿Por qué será tan preciso mi reloj interno? Mi cabeza funciona a mil
revoluciones antes incluso de que suene la alarma del despertador. Espero.
Espero. Espero lo que me parece una hora completa hasta que cojo el teléfono de
la mesilla de noche, miro la hora y compruebo sin sorpresa que efectivamente
aún no son las siete de la mañana. Es domingo, hoy no sonará la alarma. Cierro
de nuevo los ojos, intento acomodarme para volver a dormir, aunque sé que
es imposible una vez que mi cerebro se activa. Me muevo en la cama buscando el
frescor de las sábanas y mi pierna choca contra otra pierna. Abro los ojos, ahora
definitivamente despierta. ¡Uf! Hay amaneceres que no deberían llegar.
Salgo de la cama lo más silenciosamente
que puedo y me encierro en el baño. Recojo la ropa de la noche anterior del
salón, me visto y salgo de casa. Necesito aire y café.
No es como si no recordara nada de lo que
pasó anoche. Salimos, bebimos, cenamos, bebimos y terminaste en casa y...
seguimos bebiendo. No es una novedad. Pero creo haberme propuesto desde hace un
tiempo tratar de no escabullirme como un ladrón de mi propia casa por la mañana.
La conversación siempre es más incómoda después.
Dos horas más tarde volví a casa. Confieso
que con la esperanza de que te hubieras ido. No entiendo ni cómo pude pensar
que se cumplirían mis deseos más nimios, tal y cómo iba la semana era seguro
que estarías dormido como un tronco en mi cama o, peor aún, tomándote un café
como si estuvieras en tu casa. Fue lo segundo.
- Ya pensé que no volverías - directo como
siempre...
- Es mi casa. En algún momento tenía que
volver.
Lo dije mirándote a los ojos. Bajar la
mirada a tu pecho desnudo era demasiada distracción para una persona con los
sentidos aún aturdidos por la falta de sueño y el exceso de tequila. En
realidad, tu pecho desnudo es una tentación para cualquiera y en cualquier
situación.
Solté el bolso sobre la mesa del salón y
me puse un café, el tercero de mañana. La cocina olía de maravilla a café
recién hecho… a ti.
- ¿Qué vas a hacer hoy?
- Nada en concreto -contesté- Tirarme en
el sofá, leer, ordenar el trabajo para mañana... ver alguna serie. Es domingo.
- ¿Nos hacemos una ruta por la sierra?
¿Comemos juntos?- Rodar kilómetros abrazada a ese torso era una tentación
difícil de resistir. Después vendrían los malos entendidos, la madre súper
protectora, mi casa como si fuera un hotel, las peleas por el espacio
sentimental o físico, la vergüenza de que nos vean juntos. No era la primera
vez ni sería la última, pero hoy me estaba costando trabajo darle un sí. Me quedé
mirando al vacío esperando que la respuesta adecuada subiera a mis labios como
por arte de magia. ¡Qué difícil es mediar entre las ganas y el cerebro un
domingo por la mañana!
- No sé si merece la pena
- Siempre... contigo siempre merece la
pena.
Y así empezó un domingo cualquiera de una
semana cualquiera de las muchas en las que ganaron las ganas.
viernes, 1 de noviembre de 2019
Zumo de leche
La elite de Europa bebe zumos con leche vestida de vampiresa sexy en noche de Halloween. Desfila provocadora por la pasarela ambientada de un bar cualquiera de una ciudad española cualquiera. Unos beben marcas blancas hasta agotarse (o ahogarse que para el caso es lo mismo), otros miran desde sus atalayas idiomáticas cómo los guapos y guapas de turno se deshacen en sonrisas.
Europa te pide notas y nivel de idiomas para poder emborracharte a gusto de alcohol o azúcar en un bar cualquiera de una ciudad cualquiera.
La elite de Europa aprende desde ya que somos un país servicio dispuesto incluso a ceder nuestras costumbres para vender chupitos a medianoche.
Europa te pide notas y nivel de idiomas para poder emborracharte a gusto de alcohol o azúcar en un bar cualquiera de una ciudad cualquiera.
La elite de Europa aprende desde ya que somos un país servicio dispuesto incluso a ceder nuestras costumbres para vender chupitos a medianoche.
jueves, 3 de octubre de 2019
Besos robados
Me desperté pensándote un beso
una caricia
No fue suave
Fue un despertar intenso, caliente, cegador.
Me desperté sintiéndote
sin mediar kilómetros ni años
ni vida
Me desperté con sabor a azúcar
nada de edulcorante artificial
ni estevia
Me desperté a tu lado
aunque no estabas
Me desperté
No fue fácil. No lo es. Nunca lo ha sido. Soltar lastre, hacer limpieza, deshacerse de lo que parece que ya no nos hace falta. Tiene mucho de cerrar ciclos... o puertas. No es fácil.
una caricia
No fue suave
Fue un despertar intenso, caliente, cegador.
Me desperté sintiéndote
sin mediar kilómetros ni años
ni vida
Me desperté con sabor a azúcar
nada de edulcorante artificial
ni estevia
Me desperté a tu lado
aunque no estabas
Me desperté
No fue fácil. No lo es. Nunca lo ha sido. Soltar lastre, hacer limpieza, deshacerse de lo que parece que ya no nos hace falta. Tiene mucho de cerrar ciclos... o puertas. No es fácil.
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